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¡Cuidado con las probabilidades!

Óscar Lara Rapp (@oscar_l_r)


En nuestra vida cotidiana, muchas veces oímos que la probabilidad de que suceda un cierto evento es de un X %. Pero... ¿cómo de fiables son estos porcentajes?.

 

Para contestar a esta pregunta, lo primero que tenemos que tener claro es qué conjunto de eventos se han tenido en cuenta a la hora de evaluar dicha probabilidad. Por ejemplo, en el caso sencillo de la moneda que se tira al aire, tenemos dos eventos: a) que salga cara y b) que salga cruz. Como todos sabemos, la probabilidad de cada uno de los eventos (cara o cruz) es de un 50 %. ¿Nos podemos fiar de este resultado? , pero sólo en un universo en el que, después de lanzar la moneda, existan unicamente estos dos escenario. Si consideramos otros escenarios factibles (como que la moneda caiga de canto), dicho valor numérico deja de ser tan exacto.

 

Ésta es la razón por la que hablar de porcentajes en la estimación de riesgos futuros, especialmente en entornos complejos e inciertos, no es nada fácil. La primera dificultad en estos escenarios surge en la enumeración de todos los eventos que pueden suceder. Imaginemos que vamos a ir hoy a comprar el pan, ¿qué porcentaje de probabilidad tenemos de que lleguemos a la panadería? Sabemos que es alta, ¿pero cuánto? Para poder cuantificarla (en caso de que podamos), el primer paso es enumerar todos los eventos que evitarían que llegásemos a dicha panadería. Estos eventos incluirán situaciones como el romperme un tobillo en el camino, el que un coche me atropelle, el que al llegar me encuentre la panadería cerrada por un imprevisto, el que me encuentre con un amigo y me convenza para ir a comer juntos (y me olvide de comprar el pan), etc. ¿Cuántos más habría que poner? Nadie lo sabe y ahí es donde surgen los problemas. Y es que, de hecho, el problema no es ya ponerle un valor numérico a la probabilidad de obtener nuestro fin, sino que ni si quiera estamos siendo capaces de enumerar los eventos que nos pueden poner en riesgo nuestro cometido. Cualquier porcentaje que nos proporcione cualquier experto al respecto, será una simple estimación que se habrá dejado por el camino infinitos escenarios sin considerar. Es decir, la primera incertidumbre que tenemos en escenarios complejos (que son la mayoría) es que no podemos ni si quiera saber todas las incertidumbres que nos acechan.

 

¿Y entonces qué es lo que se tiene en cuenta cuando se dice que la probabilidad de que un cierto suceso ocurra es X %? Pues normalmente se tienen en cuenta los eventos más recurrentes, los más acotables y los más medibles que pueden evitar que dicho suceso ocurra, dejando de lado todo el resto de escenarios factibles. Por ejemplo, en el caso de una ruleta de casino, sabemos que la probabilidad de que nuestra apuesta al rojo sea exitosa es de un 48.64 % (para una ruleta con un solo cero). En este cálculo sólo estamos teniendo en cuenta la probabilidad de que la bolita caiga en nuestro número y además lo hacemos suponiendo que la ruleta está completamente equilibrada. Sin embargo, esta probabilidad no está teniendo en cuenta otros escenarios como, por ejemplo, que aunque salga el rojo, el dueño del casino no nos quiera pagar o que resulte que la ruleta esté trucada para que salga el negro con una mayor probabilidad. Y no los hemos tenido en cuenta porque pensamos de forma cualitativa que serán improbables y además, no podemos asignarle un valor numérico concreto. Pero eso no significa que no existan. De hecho, si aparecen, suelen tener consecuencias muy relevantes, haciendo que el resultado de nuestra decisión pueda alejarse mucho de lo que esperábamos (que se lo digan a todos las empresas de retail que no tuvieron en cuenta el riesgo de la disrupción tecnológica creada por Amazon).

 

Por eso, cuando calculéis o escuchéis una probabilidad numérica, es recomendable que tengáis claros qué escenarios cubren dicha probabilidad, ya que nunca van a cubrir todos los eventos posibles. Haciendo eso, ya estaréis muy por delante de grandes expertos en estadística, como por ejemplo muchos de los especialistas financieros que están todo el día calculando las probabilidades que tienen diferentes eventos económicos, fiándose de sus resultados a rajatabla para tomar decisiones críticas sin dejar prácticamente margen de seguridad. ¿Y qué es lo que pasa? Pues lo que hemos visto tantísimas veces con ciertas inversiones y con ciertas crisis financieras. De repente aparece un evento que ni se les había pasado por la cabeza (lo que Nassim Taleb llama un cisne negro) y les aniquila todos sus modelos matemáticos. Por el camino han perdido todo su dinero. Y el tuyo.

 

En resumen, el calcular una serie de probabilidades para ciertos eventos es siempre recomendable, ya que nos ayuda a comprender mejor la realidad. Lo que no es nada recomendable es dar por sentado que esas probabilidades incluyen todos los casos posibles. ¡Cuidado con tomar decisiones sin márgenes de seguridad en base a estos valores!.


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